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martes, 11 de octubre de 2011

“A mis hijos les doy vergüenza” Hugh Jackman

A los 43 años, el actor australiano mantiene vigente su encanto y versatilidad. Dueño de una gran conciencia social, habla de su familia y del film Gigantes de acero que esta semana se estrena en nuestro país. 

Familia unida, con su mujer Deborra-Lee Furness y los dos hijos que adoptaron, Ava y Oscar.

 El actor australiano Hugh Jackman tiene 43 años y su encanto continúa vigente.



 Hombre de familia. Con más de una década en Hollywood, Jackman es uno de los favoritos del público. 


Si cuando actuás el público se siente transportado y si la historia se vuelve real porque quien está ahí logra transmitirle distintas emociones, entonces se está frente a un gran actor”, afirma de forma tajante el actor australiano Hugh Jackman (43). Y será porque lo tiene tan claro que el protagonista de X-men (2000), X-men 2 (2003) y Xmen: la decisión final (2006) supo lograr popularidad. De la misma manera que sus compatriotas Russell Crowe, Dougray Scott y el desaparecido Heath Ledger, el actor consiguió colarse en las grandes ligas del cine con su personaje Wolverine, parte de la saga fantástica que retomó en la precuela X-men origins: Wolverine (2009) y en el film X-men, primera generación (2011). Con su porte varonil, también supo enamorar en películas románticas; Alguien como tú (2001) y Kate and Leopold (2001, por el que estuvo nominado a un Globo de Oro) fueron algunos de sus títulos antes de fijar la atención en directores de culto como Christopher Nolan (con quien filmó El gran truco), Darren Aronofsky (La fuente de la vida) y el mismísimo Woody Allen (Scoop) y de ponerle su voz a películas animadas como Happy feet y Lo que el agua se llevó, todo en 2006.
Poco después, la taquilla se volvió a inclinar de su lado en películas como El engaño (con Ewan McGregor) y la superproducción Australia (a las órdenes de Baz Luhrmann), en 2008, momento en el cual Jackman convirtió a Broadway en su nueva meta. Instalado en Nueva York, el actor brilló en las tablas con A steady rain (junto a Daniel Craig) y con The boy from Oz (por el que recibió un premio Tony). Ese mismo año fue elegido como presentador de los Oscar, un honor con el que cientos de actores sueñan. A una semana de cumplir 43 años, Hugh estrena la película Gigantes de acero, un éxito que lleva –como siempre lo hizo– con los pies en la tierra, de la mano de su leal mujer (la actriz australiana Deborra-Lee Furness, 13 años mayor) y de los dos hijos (Oscar, de 11, años y Ava, de 6) que la pareja adoptó en 2000 y 2005.

¿Tus hijos ven tus films, te admiran como actor? No, ¡para nada! Imaginate que hace poco hice una gran gira con un unipersonal y viajé a Toronto (Canadá). Mis hijos vinieron a verme un domingo, entonces invité a mi mujer al escenario y le canté una canción. La cara de Oscar fue muy elocuente… Yo estaba bailando con una especie de paso ridículo (me gusta bailar, pero no soy bueno en eso) y vi que él se acercó a su madre y le dijo: “Papá da vergüenza”. Y, ¡muchas de las cosas que hago les causan vergüenza!
Te consagraste en un ambiente difícil y hoy estás a punto de estrenar una película donde la competencia juega un rol muy fuerte, ¿qué te resulta más importante, ganar o ser respetado? Soy una persona competitiva, así que me gusta ganar; pero también creo que lo más importante es intentar hacerlo. En Australia se destaca la importancia de la intención, se dice que el único arrepentimiento real que una persona puede sufrir resulta de las cosas que no hizo. Creo que fracasar en algo no debe lamentarse al final del día. Es cuestión de animarse, las cosas pueden funcionar o no, pero la intención es lo que vale. Entonces, prefiero ser respetado por la valentía; ganar o perder son meros detalles.
¿Resulta difícil no volverse cínico ante todas las presiones que te rodean y que son parte de esta industria? No existe ninguna protección contra el cinismo y la falsedad. Se puede mirar a la industria cinematográfica con cinismo, o como yo, se la puede entender como lo que realmente es: una increíble oportunidad de trabajar en un área que interesa a mucha gente. Hay que saber controlar la confianza. Creo que el cinismo es más bien el resultado de la decepción y de cuando uno tiene la sensación de que no ha cumplido con lo que se había propuesto. Allí es cuando aparece la amargura.
Solés involucrarte en muchas acciones solidarias fuera de la vorágine de los celebrities, ¿qué proyectos tenés en carpeta? Creo que hoy mis hijos van a tener una opción para sentirse orgullosos. Siempre me sentí inspirado por dos hombres: Muhammad Yunus y su empresa social (N. de la R.: Yunus es premio Nobel, economista y fundador del Grameen Bank que ofrece microcréditos para ayudar a pequeñas empresas en sus primeros pasos); y por Paul Newman. Cuando leí su libro, se me ocurrió crear algún negocio en el que pudiera utilizar mi perfil para generar puestos de trabajo. La idea era que funcionara como negocio, pero que también tuviera un sentido social. Estoy involucrado con tres o cuatro iniciativas sociales, una es mi propia compañía de té y café, Laughing Man Coffee and Tea que voy a inaugurar ahora en octubre, al mismo tiempo que la película. Estoy muy orgulloso de mi proyecto ya que todas las ganancias van a estar destinadas a la caridad, al sector educativo.

GOLPE DE SUERTE. Ambientada en el futuro Gigantes de acero, el film que Jackman protagoniza -y se estrena esta semana en nuestro país, relata la vida de Charlie Kenton un exboxeador fracasado que vuelve al ambiente de los rings en su rol de promotor de robots luchadores. Producida por Robert Zemeckis (creador de Volver al futuro) y Steven Spielberg, Jackman comparte set con Evangeline Lilly (Kate, en Lost), su fan número uno: “Vi su película La fuente de la vida y me dije ‘si alguna vez tengo la oportunidad de trabajar con él, debo hacerlo’ ¡su actuación allí es tan magistral!”. Orgulloso y entre risas, Jackman comenta el detrás de escena del film y cómo, para su papel, entrenó duro: “Quería tirar una piña al aire y que resultara creíble”. El actor fue asesorado por el legendario boxeador Sugar Ray Leonard (la frutilla del postre para Hugh ya que es hijo de un boxeador profesional que lo crió solo desde que él tenía 8 años, cuando su madre los abandonó). “Nunca vi a mi padre más orgulloso en su vida como cuando le conté que estaba trabajando con Sugar Ray Leonard”, confesó emocionado el actor.
¿Cómo fue entrar en el ring de la mano de Sugar Ray Leonard? Muy interesante. El primer día se filmaron escenas detrás de cámaras y él –un campeón mundial– simulaba pegarme en el estómago, y confieso que ¡dolía! Tenía ganas de divertirse. Me habló mucho sobre la labor del entrenador, mi personaje. ‘Nada peor que uno que no sabe hablarle al boxeador’, destacó. También conversamos acerca del costo del boxeo y de lo que se deja en pos de alcanzar un objetivo: ser campeón del mundo. Muchas cosas se sacrifican en el camino, se suele olvidar todo y a todos, y mucha gente puede sentirse herida.
Tu personaje fracasa, pero obtiene otra chance. ¿Creés en las segundas oportunidades? Sí. No tengo la constante necesidad de triunfar para satisfacer a la gente, pero sí puedo entender que la sensación de afrontar una segunda oportunidad es mucho más aterradora que la primera. Aunque sepa cuáles son los riesgos, acepto todas las propuestas, detesto sentirme prisionero del miedo... Eso se siente aún peor que el mismo miedo, entonces lo enfrento. No se debe apostar a lo seguro en la vida, es por eso que intento arriesgarme en mi trabajo.
¿Recordás algún momento en especial? La vez que sentí un terror real y absoluto fue cuando me tocó cantar el himno antes de un partido de rugby (Australia vs. Nueva Zelanda) en una cancha con cientos de miles de personas. Había tenido un ataque de pánico la noche previa… ¡Mucha gente fue abucheada por eso y nunca más volvió a trabajar! Jamás sentí más horror que en ese momento, aún más que en los premios Oscar. Uno siente que su vida depende de eso y que, si las cosas no salen bien, las oportunidades desaparecen. Pero aprendí que, cuanto más se familiariza uno con esas cuestiones, menos miedo siente. Más se ejercita uno y más control ejerce sobre sus temores.



Textos: Paula Ikeda. Fotos: AFP/ Gentileza Dreamworks.



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