Exultante, provocador, carismático, un personaje... El maestro diseñador de alta costura nos recibió en sus oficinas de Nueva York, durante la Semana de la Moda de la Gran Manzana, para conversar sobre su vida y obra, de las mujeres y sus cambios. Además, nos presentó su nueva fragancia –“como un vestido invisible”– y le declara la guerra al minimalismo.
La sonrisa de Oscar de la Renta, un maestro.
Con sello de autor. Diseños sofisticados, creativos, vaporosos y femeninos –únicos–, en la nueva propuesta de Oscar de la Renta.
Algo personal. Los zapatos de la nueva temporada, abiertos y cerrados, accesorio clave para completar una imagen by de la Renta.
Odio a los diseñadores minimalistas. No es mi manera de vivir, no es mi manera de pensar, no es mi manera de vestir a una mujer. A mí me gusta la ornamentación… More is better... Es más, diría que minimalismo bien podría traducirse como ‘talento mínimo’”. Más claro, imposible. Así habla, casi como escribiendo un manifiesto, el diseñador Oscar de la Renta (79), en una entrevista exclusiva con Para Ti, una charla intensa que comienza y transcurre apenas concluye el desfile –muy privado– con el que el dominicano anticipó su última colección, en el marco del New York Fashion Week. Fue un despliegue de elegancia y glamour que desde la primera fila siguieron–y aplaudieron– Sarah Jessica Parker y Justin Timberlake, dos celebridades que reservaron su lugar de privilegio con muchísima anticipación. La protagonista de Sex and the city –una de las más recientes musas adoptadas por el designer– fue invitada a través de Anna Wintour, directora de Vogue, que le pidió personalmente al diseñador un lugar en primera fila para la actriz. “Podés traerla –dijo de la Renta–. Pero avisale que si llega tarde no tendrá permiso para entrar...”. Y así nos cuenta el final de la historia: “¡Ella llegó 25 minutos antes de que el show empezara! Fue encantadora, totalmente encantadora. Siempre me pongo un poco paranoico con las celebridades, no me gusta que se roben el show. El desfile es, para mí, siempre la prioridad”, cuenta este hombre que es palabra mayor en alta costura y dueño de un “imperio” en permanente expansión.
Además de zapatos, carteras y accesorios, recientemente la firma incorporó entre sus creaciones las fragancias Esprit D’Oscar, que acaba de lanzar en nuestro país, y Live in Love, que llegará más adelante. Ambos perfumes –dice– están inspirados en una de las mujeres de su vida, su hijastra Eliza Bolen, con quien comparte su vida y también su trabajo: ella es la vicepresidenta de su firma y su marido, Alex Bolen, actualmente ejerce como CEO. “Pero ni mi hija, ni mi mujer me piden consejos sobre lo que usan ¡Las dos hacen lo que se les da la gana!”, asegura entre risas.
¿Creés que, a la hora de vestirnos, todas las mujeres mantenemos esa misma independencia de criterio?Treinta años atrás, una mujer podía enamorarse de un vestido mío que venía en rosa y en colorado, pero sólo compraba en función de lo que al marido le gustaba. A ella, quizá, le fascinaba el colorado, pero en cuanto pensaba ‘a mi marido le gusta verme de rosa’, se compraba el rosa. Hoy, en cambio, ¡se lleva el colorado! No lo duda. Antes las mujeres que compraban mi ropa, seguramente, eran mujeres casadas que le pedían permiso a sus esposos para gastar en un vestido. Hoy esa mujer es una rara especie en extinción. Ahora el género femenino está en control de su destino, está orgullosa de su condición, sabe cómo mostrarse femenina y también aprendió a usar su feminidad como un arma.
Sin embargo, a veces se dice y repite que la mujer se masculinizó. Quizás eso ocurrió apenas la mujer salió al mercado laboral. Y en cuanto a la moda, durante los años ‘70 y hacia mediados de los ‘80, las mujeres pensaban que debían vestirse como hombres para hacerse un lugar. Pero ahora eso cambió completamente: la mujer sabe que puede ganar batallas vestida de manera seductora y llevando labial.
¿La elegancia es un don natural o algo que se puede aprender? ¡Claro que se aprende! No es algo con lo que se nace. La elegancia es, sobre todo, disciplina con uno mismo. Siempre recuerdo la historia de una mujer a la que conocí cuando trabajaba en Francia. Ella se levantaba dos horas antes de salir para vestirse y lo hacía aunque estuviera sola en su casa. Y un día, cuando su marido le preguntó por qué lo hacía si no iba a encontrarse con nadie, ella le contestó: ‘No lo hago por nadie, lo hago por mí porque si no lo hago de manera diaria nunca lo voy a incorporar como rutina personal’. A eso llamo disciplina. Es un ejercicio, un trabajo permanente. Y no tiene que ver con la cantidad de dinero que puedas invertir en ropa. Vos podés ser muy elegante con una simple pollera básica y verte mal con un vestido de 2.000 dólares.
Estás llegando a las ocho décadas y seguís generando proyectos. ¿Cuál es la clave de tu vitalidad y espíritu emprendedor? Supongo que creo en eso de vivir con intensidad. Mi mejor trabajo es el día de hoy, cada día siento que aprendo un poco más que el anterior y, para mí, cada día hay un proceso nuevo y un desafío a enfrentar. Porque cuando te dejás estar, perdés. Mentalmente te morís, y yo quiero vivir. Todas mis ideas pasan por ahí.
Entonces tus creaciones parten de esa pulsión de vida. Exactamente, nacen de esas ganas. El año pasado, en uno de los show de Alexander Mc Queen (el diseñador inglés se suicidó en febrero de 2010, a los 40 años), pude ver que a pesar de su talento y evolución, de alguna manera, sus diseños eran muy tristes y hablaban de morir. Había oscuridad. Yo amo la vida y reniego de quien no lo hace. Mi primera mujer, quien murió de cáncer (Françoise de Langlade, exeditora de Vogue Francia, falleció en 1983), también amaba vivir. En cambio, recuerdo que ella tenía una amiga que estaba perfecta de salud pero era infeliz. Siempre hablaba de suicidarse y llamaba a mi mujer para contárselo. Un día, agarré el teléfono, la llamé en secreto y le dije: ‘Mirá, mi mujer está muy enferma y quiere vivir; vos, en cambio, tenés una salud excelente y estás así. Encontrá el método para arraigarte a la vida y yo iré y te ayudaré, pero dejá de llamar a mi mujer con ese espíritu’. Unos días más tarde me agradeció y dijo que esas palabras habían logrado más que tres años de psicoanálisis (risas).
Textos: Mara Derni (enviada especial a Nueva York). Fotos: M. Derni/ Gentileza Oscar de la Renta.



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